El uso del glifosato está aprobado en más de 160 países. En EE. UU., la EPA ha evaluado más de 100 estudios sobre la carcinogenicidad del glifosato. En la revisión de registro provisional de enero de 2020, la EPA concluyó que «no se identificaba riesgo alguno para la salud humana por la exposición al glifosato.» La EPA evaluó exhaustivamente los riesgos para los seres humanos de la exposición al glifosato a partir de todos los usos registrados y todas las vías de exposición y no identificó ningún riesgo preocupante. La EPA también reiteró su conclusión de que «no parece probable que el glifosato sea cancerígeno para los seres humanos», su calificación más favorable.

Además, también la EFSA y otras autoridades reguladoras (a modo de ejemplo, en Canadá, Japón, Australia, Corea del Sur, etc.) revisan rutinariamente todos los productos fitosanitarios aprobados y han ratificado sistemáticamente que los productos a base de glifosato pueden utilizarse con seguridad de acuerdo con sus etiquetas actuales y que el glifosato no es cancerígeno.

Entre las cuatro agencias de la OMS que han evaluado la seguridad del glifosato, la IARC es la única entidad de la OMS que ha encontrado una asociación entre el glifosato y la carcinogenicidad. De hecho, el Programa Internacional de Seguridad Química de la OMS y la Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Fitosanitarios (JMPR) determinaron que el glifosato no es cancerígeno, mientras que sus Directrices sobre la Calidad del Agua Potable determinaron que el glifosato no representa un peligro para la salud humana. Es importante destacar que, en sus decisiones en materia de clasificación de sustancias, la IARC identifica en un 99,81% de los casos algún potencial cancerígeno. Junto con el glifosato, en su clasificación de elementos «probablemente cancerígenos» se incluyen sustancias cotidianas como la carne roja y las bebidas calientes.

Más de cinco años después de emitir su dictamen, la IARC sigue siendo un caso atípico, ya que los principales organismos reguladores de fitosanitarios de todo el mundo han mantenido que el glifosato no es cancerígeno y que los herbicidas a base de glifosato son seguros cuando se utilizan siguiendo las indicaciones.

Basándose en los datos de investigación y seguimiento, el glifosato no supone un riesgo para la salud humana a través de las aguas superficiales o el agua potable y no hay pruebas de ninguna contaminación persistente de las aguas subterráneas por el glifosato.